Mariano Bilinkis


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Catupecu Machu - El mezcal y la cobra


     "El reptil que cambia la piel otra vez, nuevamente." Entre esa frase, la primera que sale de la gola de Fernando Ruiz Díaz apenas le damos play a El mezcal y la cobra, y el título con que bautizó al octavo disco de Catupecu Machu, está condensada buena parte del universo simbólico de la versión 2011 del grupo. Es un título de alto impacto visual, con una impronta cinematográfica y mitológica.


     Los teclados y los sintetizadores de Macabre, en combinación con las guitarras poderosas, definen un sonido nuevo y le otorgan una proyección casi sinfónica, potente y sofisticada, a estos doce episodios sonoros.
 

     Por un lado, las múltiples y filosas capas de guitarra y teclados potentes construyen una pared de sonido y sientan las bases para un prog-rock digital. Por el otro, la fijación por lo arcaico: "Un sonido primitivo, tambores de otro tiempo.", ruge, ralentando, Fernando. Sus inflexiones vocales son casi guturales, un gesto primitivo procesado por la tecnología de Catupecu. El uso del sonido del shakulute sintetizado en el poderoso riff de "El mezcal y la cobra" funciona como una analogía de la doctrina catupequense. Ese instrumento, un híbrido entre una milenaria flauta japonesa de bambú y una flauta de metal occidental, distorsionado y multiplicado en estridentes capas sonoras, se conecta con algo parecido a su declaración de principios: revisar el pasado y proyectarlo al futuro. Un gesto coherente para un grupo que en algún momento de la conjunción entre la madera y el microchip montó una estética, construyó un sonido y alzó esa bandera.

Produccion artística: Fernando Ruiz Díaz y Macabre.

Grabación y mezcla: Mariano Bilinkis y Catupecu Machu en Club Audio.

Mastering: Tom Coyne en Sterling Sound, Nueva York.

Asistente de producción: Charlie Noguera.

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